-Opiniones-
Benjamín Cuéllar, director IDHUCA
En El Salvador el sistema de justicia –con las instituciones encargadas de investigar los delitos, incluidas– ha sido a lo largo de la mal llamada "transición" una pelota que patean y patean, sin descanso, dos bandos con rostros y cuerpos visibles pero con cerebros e intereses ocultos o medio escondidos. Eso tiene a la base, quizás como su causa fundamental, lo que está por cumplir veinte años: la aprobación de una de las amnistías más aberrantes en el mundo y del todo contraria a los estándares internacionales de derechos humanos; además, condenada por innumerables y prestigiadas voces nacionales e internacionales.
Es esa disputa de dos décadas por el control de las llaves que le podrían abrir la puerta al derecho humano a la justicia para todas las personas sin distinción alguna y que en este momento se encuentra en su nivel más alto, lo que tiene crispado a una parte de la sociedad que a final de cuentas es minoría. Las mayorías populares no participan más que en sus consecuencias negativas como víctimas del hambre, la sangre y la impunidad. Y esa realidad concreta e inobjetable trasciende voluntades, percepciones y sucias manipulaciones de los dos bandos mencionados que no son más que ARENA y el FMLN, con grupúsculos politiqueros cada vez más impresentables girando a su alrededor los cuales se acomodan con uno o con otro, más allá de los credos y sus supuestos ideales en los que ya nadie cree dentro de ese mundo aunque retorcidamente se proclame lo contrario.
Por eso, en medio de la calentura actual hay quienes dicen que de un lado del cuadrilátero político está el “bloque de derecha” encabezado por ARENA, al cual se han sumado protagonistas que van desde históricos aliados naturales de ese partido hasta otras personalidades e instituciones que nadie en su sano juicio tildaría de pertenecer a esa –por decirlo de alguna manera– “línea de pensamiento”. Lo que si no se escucha es que en la otra esquina se encuentra, como rival a vencer, el “bloque de izquierda”; debería ser etiquetado así este otro bando, de ser tan simplistas como –por ejemplo– quienes afirman ser garantes de esta “línea de pensamiento” y que desde sus hoy cómodas trincheras se enfrentan al “poder oligárquico”. Pero no; no conviene por la “calidad” de sus actuales “compañeros de viaje”.
Pues en ese escenario resulta ser un enorme homenaje a la “doble moral”, leer cosas tan “valientemente” retadoras como exigirle a una organización feminista integrante de “Aliados por la democracia” que le demande a los grupos de derecha –también pertenecientes a dicha coalición– su apoyo a la despenalización del aborto. A quien lanza tal “desafío” en aras de demostrar la “pureza” de sus posiciones, una dirigente y diputada “efemelenista”, habría que reclamarle que le pida lo mismo a Rodolfo Parker y a Francisco Merino; asimismo, a estos –también líderes de la derecha partidista más corrupta, aunque hoy estén disfrazados de “comandantes” o al lado de los que dicen haberlo sido alguna vez en su vida– debería el FMLN requerirles que se pronuncien contra la amnistía de más de dos décadas o por el juicio en España para los autores de la masacre en la UCA. ¿O no? Pero cómo, si ni el mismo dizque “partido de izquierda” lo hace…
Esa falta de involucramiento de la gente no responde a indolencia o conformismo. Al contrario, a pesar de haber sido protagonista principal e imprescindible de una historia reciente de sacrificios, dolores y esperanzas, no participa porque sus víctimas terminaron siendo despreciadas por los victimarios que diseñaron de la mano y a pesar de sus diferencias –conciliables cuando les conviene– un sistema aparentemente distinto al que propició la guerra pero en la realidad con los mismo vicios y, sobre todo, con las mismas mañas de sus operadores.
Y hay que insistir: acá ya no se vale decir ser de "izquierda" o de "derecha" en un escenario político partidista nacional donde, más allá del socialismo por el que se luchó y el capitalismo contra el que se luchó, lo que manda es el cinismo más puro, duro y descarado.
Eso, desde la UCA, lo hemos denunciado y además hemos estado metidos de lleno en la defensa de lo poco que se avanzó en democracia durante veinte años. Por eso mantenemos en alto la bandera de la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas de las atrocidades ocurridas en esta tierra antes, durante y después de la guerra. Por eso, desafiamos a esos dos partidos y a sus comparsas a que deroguen la ley de amnistía y apoyen las demandas de las víctimas. Solo así se les dará su lugar a estas últimas y se pondrán en su lugar a los criminales violadores de derechos humanos, corruptos e ilícitos traficantes de algo. Pero es pedir mucho, pues están más entretenidos clavándole otro clavo más a su ataúd.