Última hora:






Buscar en
Noticia Editorial Video

Videos | Ver más »
Editoriales
Recuerdos martiriales
13-03-2013 10:17:AM

Un líder indiscutible
08-03-2013 08:59:AM

Calentamiento global
06-03-2013 03:12:PM

Cantos de sirena
04-03-2013 03:11:PM

Proyectos para la gente
01-03-2013 12:29:PM

PASOS EN EL TECHO
28-02-2013 10:39:AM




Vota
 |  Resultado  
     0 votos

NI DE UNO NI DEL OTRO

19-07-2012 05:17:PM

Por Benjamín Cuéllar Martínez

 

Este miércoles 18 de julio recordé a un par de seres que desde hace mucho sellaron mi existencia. Ambos nacieron en esa fecha. Uno cumplió noventa y cuatro años de vida; el otro estaría arribando a los noventa y uno, pero falleció hace once. El primero nunca lo tuve frente a mí; el segundo estuvo hasta el final de su camino y, pese a su ausencia física, sigue a mi lado. No son las únicas personas que me han marcado a lo largo del medio siglo y más que, bien o mal, llevo en tránsito por este mundo; pero sí son dos de las más decisivas: Nelson Mandela, ejemplo viviente de dignidad irreductible, y Roberto Emilio Cuéllar Milla, mi padre.

 

¿Por qué los traigo a cuenta hoy y por qué escribo en primera persona? Pues para que me sirvan de referentes en un escenario salvadoreño como el actual donde, a veinte años del “adiós a las armas”, el país se encuentra inmerso en uno de los trances más riesgosos de su prolongada posguerra y porque en esta especial coyuntura –cuyo desenlace es clave en el corto y mediano plazo– cualquiera descalifica a quien quiera de manera irresponsable y prácticamente impune. El argumento esencial esgrimido para ello, se basa en el mismo fundamentalismo pronunciado por George W. Bush después de los terribles sucesos ocurridos el 11 de septiembre del 2001. “O estás conmigo”, dijo –palabras más, palabras menos– “o estás contra mí”.

 

Tan pedestre, politiquera y necia formulación se cae sola cuando –por citar algo– hace casi catorce años, exactamente en septiembre de 1998, las máximas autoridades de la seguridad pública acusaron al IDHUCA de orquestar un supuesto “plan” mediante el cual buscaba “denigrar” a la Policía Nacional Civil. Nuestro “pecado”: denunciar la participación de miembros de la corporación en los asesinatos de la locutora radiofónica Lorena Saravia, del joven Adriano Vilanova y del empresario Ramón Mauricio García Prieto Giralt. El tiempo y sobre todo la valiente y digna tenacidad de las familias de las dos últimas víctimas, nos dieron la razón para desmentir a los funcionarios empeñados en hacer creer que esa legítima lucha era fruto de un “complot” universitario para “favorecer” a un partido político.

 

Y más cercana en el tiempo, durante los primeros días de agosto del 2011, una noticia estremeció al país. A petición de Eloy Velasco, juez sexto de la Audiencia Nacional de España, INTERPOL envió a Cancillería las “alertas rojas” para capturar nueve militares acusados de participar en la masacre ocurrida en la UCA, el 16 de noviembre de 1989. A eso se llegó, por una denuncia presentada en el país ibérico donde es reconocida la competencia de la justicia universal; dos organizaciones, una española y otra estadounidense, lo hicieron a finales del 2008 tras los procesos fraudulentos que el sistema salvadoreño montó ante la batalla librada en solitario por nuestra Universidad, a través del IDHUCA, durante casi dos décadas.

 

¿Qué dijo entonces la dirigencia de ARENA? Que era una “especie de campaña preelectoral y una cortina de humo que se está dando ante los verdaderos problemas al que el país está sometido”. ¿Y qué dijo la Comisión Política del FMLN en su reducidísimo comunicado al respecto?  Que por ser “un tema de interés nacional” debía “prevalecer la prudencia y la responsabilidad política”; y añadió que, “por respeto a las víctimas”, el partido creía que era “inconveniente” que fuera “asumido con propósitos grupales, partidarios o electorales”. El ahora principal aliado de lo que un día fue expresión de rebeldía contra la injusticia, también se pronunció. GANA expresó entonces su “total respaldo” a los imputados y demandó –en boca de Guillermo Gallegos– “sensatez a la Corte Suprema de Justicia al momento de evaluar la situación” y que no se procediera contra los mismos “por la estabilidad del país”.

 

Ejemplos sobran para demostrar que unos y otros han dicho de todo sobre nuestra labor, dependiendo de sus particulares intereses partidistas. Para unos, hemos sido utilizados por la izquierda”; para otros “vendimos la sangre de los mártires de la UCA” a la “derecha escuadronera”. Lo han afirmado por igual quienes antes decían luchar por el socialismo y quienes defendían con todo el capitalismo, pero que ahora se encuentran confundidos en el cinismo que reina en la política del siglo XXI.

 

En ese marco, cuánta vigencia adquiere el tango “Cambalache”. “Hoy resulta que es lo mismo –cantó el gran Discepolín”– ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador... ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazados ni escalafón, los ignorantes nos han igualado. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”.

 

En estos tiempos de desconcierto y desencanto, entre asesinos de la esperanza y falsos redentores, rodeados de soberbia y altanera prepotencia, en medio de tantos convertidos a la democracia por obra y gracia de quién sabe quién, existe –por encima de eso– la búsqueda sincera de referentes donde debe ser: entre las justas aspiraciones históricas de nuestro pueblo y de otros pueblos. Ahí es donde ubico a esos dos seres humanos nacidos un 18 de julio.

 

Mandela, recién salido de prisión tras veintisiete años de injusto encierro pero sin dejar de ser libre, se negó a vivir con lujos y prefirió –como narra en su autobiografía– permanecer en “una casa que por su tamaño y precio parecía poco apropiada para un líder […]”. Por eso, sostiene, “[r]echacé la recomendación durante todo el tiempo que me fue posible. No solo quería vivir entre mi pueblo, quería vivir como él”. Y mi padre, a quien el admirado y querido doctor René Fortín Magaña –al hacer el recuento de quienes le marcaron la existencia durante su juventud– lo recordó en algún momento así: “Por su parte, los doctores Napoleón Rodríguez Ruiz y Roberto Emilio Cuéllar Milla, rector y secretario de la Universidad de El Salvador en 1960, se enfrentaron heroicamente a las tropas gubernamentales”. De él guardo, entre lo más preciado, un libro: “No hay amor más grande que el que da la vida por los demás”.

 

¿Renunciar a eso y al legado de otras tantas vidas ejemplares, famosas o anónimas pero igualmente dignas, para tomar partido por una de esas dos bandas politiqueras de hoy? ¡Nunca! Por eso retomo las palabras del padre José María Tojeira, en respuesta a quienes en septiembre de 1998 acusaban sin fundamento al IDHUCA. El entonces rector de nuestra Universidad sostuvo que la labor del Instituto era extensa, amplia y muy necesaria en el país. “Extensa –afirmó– en lo que es educación en derechos humanos, en lo que es formación de personas en derechos humanos; y muy amplia porque hemos dado cursos incluso a la PNC sobre el tema de los derechos humanos. El otro aspecto más concreto y educativo es el de la defensa, apoyo y asesoría a personas que han sido víctimas en sus derechos fundamentales. En este terreno, la labor del IDHUCA no se centra en la simple denuncia sino que trata fundamentalmente de conseguir, a través del acompañamiento de las víctimas, que las instituciones del país funcionen realmente”.

 

“Lo que queremos –añadió Chema– no es armar escándalo, ni desestabilizar, ni crear problemas a la gobernabilidad del país sino que creemos firmemente que éste solo será estable y gobernable cuando las instituciones funcionen. Y tenemos pruebas más que abundantes de que hay fallos institucionales. Nuestro trabajo consiste más bien en apoyar la institucionalidad, la legalidad del país, de que funcionen realmente las instituciones y que sean éstas las que garanticen los derechos de las personas. No nos creemos garantes de los derechos de las personas, pero sí nos creemos parte de las ciudadanía responsable”.



Comentarios

Villatoro
Hasta que la constitucion sea respetada y no pisoteada como lo hicieron los Magistrados de la constitucional.Los gobiernos de arena la despedasaron a su antojo y fmln tambien




Noticias recientes
La buena noticia de hoy
Lectura:Evangelio según san Juan 17, 20-26
¿Qué es lo que divide a los cristianos y qué razón es capaz de unirlos?



Usuarios en línea
2

 
Desde San Salvador, El Salvador ... Somos YSUCA, "La Voz con Vos...."
Acompañando a nuestro Pueblo !!! 91.7FM Stereo..